Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol de la mañana se filtraba con pereza por los ventanales altos de la mansión Montenegro. Una brisa fresca colaba el perfume de los rosales del jardín y acariciaba las cortinas de lino blanco, mientras la casa parecía despertar lentamente. El sonido distante de la fuente en el patio central se mezclaba con el murmullo de las empleadas que iban y venían preparando el día.
El silencio matinal se vio interrumpido por el eco de tacones firmes bajando la escalera de mármol. Era Elena






