El amanecer llegó sin pedir permiso.
La luz entró por los ventanales de la suite como una intrusión lenta, pintando las paredes en tonos pálidos, casi desvaídos. El cielo, aún cargado de nubes bajas, se teñía de un gris azulado que parecía reflejar el clima interno que reinaba en la habitación.
Greeicy despertó antes de que el sol terminara de alzarse. O mejor dicho, abrió los ojos, porque dormir no había dormido realmente. Había pasado la noche entera en un duermevela inquieto, girando de un l