¿Ya no me amas?!

Apenas bajé del coche, corrí a la habitación que compartía con el Importante CEO, que me habia mantenido en secreto por dos años, a quien me dedique en cuerpo y alma a pesar de que mis padres no lo aprobaban,

Los Ferreira, son una familia billonaria que siempre se habían regido por estatus estrictos, para ellos Marco, no era lo suficientemente exitoso, ni su familia tan adinerada e importante, así que me dieron a elegir entre ellos o mi amor de verano, pero yo rechacé todo por Marco, incluso el matrimonio que ya tenían pactado para mí con la familia Rodríguez.

Entré a la recámara y después al sanitario para volver el estómago, el embarazo me tenía mal con los síntomas, y la foto del hombre que se suponía era mi novio publicada con esa mujer solo los empeoró más.

Me recosté unos momentos para descansar, me había quedado profundamente dormida quizás porque mis ojos estaban cansados de llorar, cuando escuché que la puerta de la habitación se abrió, y después pasos.

— ¡Andreina, ya estoy aquí! ¿Qué es eso tan urgente que quieres hablar conmigo? ¡Qué más vale que lo sea, porque estaba en una reunión muy importante con unos socios!

Marco entró evidentemente molesto de que lo haya hecho volver a casa. Parecía no importarle ni un poco mis razones de llamarlo, fueran cual fueran, pero no me callaría, no esta vez.

— ¿Socios? ¡Yo no vi a ningún otro socio que no fuera tu asistente contigo, que por cierto se veían muy cercanos! — Grite al final ya sin paciencia, estaba furiosa, celosa, dolida.

— ¡Festejaríamos el cumpleaños de la jefa de proyectos que tanto le ha beneficiado a la empresa, pero a causa de tus celos tuve que volver, he dejado a varios socios importantes esperando! ¿Por qué me causas tantos problemas?

El CEO se escuchaba bastante enfadado, y no le quedaba nada de paciencia para Andreina.

— ¿Acaso sabes que día es hoy?

Yo esperaba que se acordara, todavía él año pasado tuvimos una cena romántica en mi restaurante favorito, solo que esta vez al parecer el cumpleaños de Carolina Minelli, era lo único que estaba en su mente.

— No, no recuerdo nada, he tenido mucho trabajo, no tengo tiempo para nada más, ¿Es eso un delito? — El hombre paso una de sus manos por su prolijo cabello mientras dejaba escapar el aire pesadamente. Se notaba que no quería seguir más ahí. Lo que hizo doler el corazón de Andreina.

La jóven maestra de música, lo miraba sin poder creer que ese fuera el mismo hombre que había jurado amarla y estar siempre a su lado, él parecía haberse olvidado de sus promesas, ni siquiera recordaba su propio aniversario. Ese día ellos se habían hecho novios. Rieron, dieron un paseo por el parque, y terminaron cenando en su restaurante favorito. Pero ahora él no recordaba nada.

— ¿Quieres irte? Entonces márchate, no hace falta que te quedes, mucho menos que recuerdes la fecha de hoy.

— Bien, me iré, este compromiso no lo puedo dejar de lado, después me dices que era eso tan importante que quieras decirme, te lo compensaré.

El hombre trato de dejar un beso en los suaves labios de Andreina, pero ella esquivó el rostro. Lo que resultó en un hombre que se marchaba y cerraba con un fuerte portazo la puerta principal.

Se había marchado, la había dejado sola en su propio aniversario de novios, solo para festejar a una jefa de proyectos, eso era menos creíble que el cuento que le contabas a un niño pequeño.

— Marco... ¿Acaso ya no me amas...?

Incapaz de quedarse en esa enorme villa que la asfixiaba. Andreina salió a la pequeña escuela de arte donde trabajaba. Ella era un genio de la música.Pero al separarse de la familia Ferreira, y cortar lazos, no volvió a utilizar más su dinero, ahora trabajaba para vivir, aunque Marco, siempre se había portado generoso con ella, le daba obsequios caros y una mensualidad que depositaba a una tarjeta que ella jamás tocaba.

Una vez ahí en una sala donde solamente se encontraba un viejo piano, ella comenzó a tocar la bella canción "Matrimonio De Amor" Canción que había soñado escuchar en su boda con Marco, pero que ahora tocaba con una tristeza que la consumía, sentía que lo estaba perdiendo, que esa mujer se lo estaba robando, y dolía, dolía como el más absoluto infierno. Porque ella todavía lo amaba.

Andreina no se dió cuenta de que no estaba sola, había alguien cerca que la escuchaba tocar, alguien que pudo notar su tristeza, pero no la interrumpió. Dejó que desahogara su pena en ese piano.

La mirada gris penetrante de ese intruso estaba fija en el porte de la mujer que tocaba con una destreza inigualable, su blanca piel, su largo cabello negro como la noche que caia en ondas en su pequeña cintura, y esos labios carnosos y rosados que cualquiera mataría por besar.

— Señor Rodriguez, su coche está listo, ¿Encontró a la chica que buscaba?

— Si, Maurice, la he encontrado. Ella está aquí, por fin he encontrado a mi prometida.

(...)

Al volver a casa esa noche. Andy, paso en vela hasta la madrugada esperando a Marco. Quería hablar con él, solucionar las cosas, darle la buena noticia de que serían padres. Pero él nunca llegó.

Apenas la jóven maestra despertó, unas notificaciones llamaron su atención. La pelirroja la había etiquetado en unas publicaciones. De alguna manera Carolina Minelli, se había enterado de algo entre Marco y ella, y no perdía oportunidad para atormentarla.

Carolina, estaba envuelta en unas sabanas de seda, y a su lado la espalda de un hombre. Andreina, reconoció a Marco, era él pero era él el hombre que había amado tanto, y por el cual había renunciado a su vida como la señorita Ferreira de una familia rica y poderosa.

Las lágrimas llegaron a los bellos ojos azul cielo de la pelinegra. Que calientes como brazas rodaban por sus blancas mejillas.

— ¿Por qué...? ¿Por qué me hiciste esto si te he querido tanto?

Los recuerdos del feliz noviazgo que había tenido con Marco Cienfuegos, o que ella ciegamente creyó tener, le llegó a la memoria a Andreina. Todas esas veces que él se mostraba cariñoso y apasionado. Cuando le prometió que nunca se separarían, y que siempre la amaría solo a ella.

— Falsas palabras, lindas pero falsas, CEO Cienfuegos.

Un mensaje de texto interrumpió sus pensamientos, ella leyó en la pantalla que se trataba de su esposo.

— Lo siento, iré a casa, tenemos que hablar.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP