Inicio / Romance / El CEO ELIGIÓ A SU AMANTE ANTES QUE A MÍ / ¿Qué pasa si yo también estuviera embarazada de tu hijo?
¿Qué pasa si yo también estuviera embarazada de tu hijo?

El color se le fue del rostro al CEO. Había pensado que pasara lo que pasara, su dulce y dócil novia aceptaría sus condiciones, después de todo en los dos años de relación, siempre había sido así.

— ¡Ya te dije que lo del bebé no fue intencional, Pero ya viene en camino, no es como si pudiera devolverlo, deberías entenderlo! — El hombre no consentía que la mujer que siempre había tenido en sus manos, rechazara seguir en la relación.

— ¿Entender que, que me has engañado y que además vas a tener un hijo y quieres que yo siga contigo como si nada? — Andreina, rió rota. Era en verdad ese hombre tan descarado del que se había enamorado hasta el punto de dejar sus sueños de lado.

— !No lo digas de ese modo, no eres una simple amante para mi! Es mejor que te calmes Andreina, cuando se te enfríe la cabeza podrás pensar mejor las cosas. Saldré a la compañía a resolver unos asuntos, esperaré a que hayas reflexionado.

El hombre acababa de llegar a la villa que compartía con su novia, pero se marchaba con rapidez a atender sus asunto, asuntos que por supuesto se trataban de Carolina Minelli.

— Marco. — Llamó Andreina, cuando el hombre tenía la mano en el pomo de la ouerta, haciéndolo detener por unos momentos.

— ¿Dime?

— ¿Qué pasa si yo también estuviera embarazada de tu hijo? — La maestra de música todavía tenía un poco de esperanza dentro de su pecho, si le hablaba sobre el niño el quizás... Más no espero las palabras que salieron de los labios que había besado cientos de veces con pasión desbordada.

— Es imposible, usas anticonceptivos... Pero si así fuera, tendrías que quitarlo, nosotros no podemos tener un hijo.

Dicho eso el hombre se marchó sin mirar atrás. El no vió como Andreina, estiró la mano en su dirección para después caer de rodillas en la alfombra de la sala de estar llorando como si le hubieran arrancado el corazón del pecho.

— Marco... Eres tan despiadado... ¿Qué fui para ti todo este tiempo...?

A Andreina, vinieron esos recuerdos cuando Marco y ella se conocieron. Ella salía de un recital donde sus alumnos habían sido los que deleitaron a los padres de familia.

El hombre tan elegante y enigmático, con esa sonrisa encantadora, la abordó para decirle que mujer más hermosa no había visto jamás. Después de eso no dejaba de esperarla afuera de la escuela siempre con un detalle en mano, flores chocolates y de vez en cuando una joya costosa que el mismo le ponía.

Cuando le habló de Marco, a su familia, ellos se opusieron terminantemente a esa relación, así que se alejó por él. Andy, amaba a sus padres, y al dejarlos de ver los extrañaba muchísimo, pero se consolaba con las palabras cariñosas de Marco.

"¡Déjame ser tu familia ahora, Andreina, yo cuidaré de ti siempre!"

Promesas que solo fueron palabras que el viento se había llevado. Hoy estaba embarazada de su hijo, pero él la había engañado con otra mujer, y ni siquiera había considerado la idea de ser padre con ella, pero si con esa mujer.

El dolor de Andreina, le oprimía el pecho, cuántas veces Marco, había dicho que la amaba, que era su vida entera, más sin embargo no quería hacerla madre. Ella no era digna de llevar a su hijo.

— Marco, he sacrificado tanto por tí... Te ame tanto...

Aunque Marco Cienfuegos, no conocía a la familia de Andreina, y no tenía idea de su alto estatus, ni de que lo habían rechazado como pareja de su hija. Siempre pensó que no aceptaban su relación por ser él un hombre adinerado, motivos por los cuales tenían prejuicios. El CEO, no tenía idea de lo equivocado que estaba.

— Bebé, no importa que tú padre no te quiera, tampoco que no me quiera a mi, te llevaré conmigo y seremos muy felices... Te lo prometo.

Andreina no tuvo idea de cuánto tiempo estuvo tirada en la alfombra. Ella había llorado todo lo que sus ojos podían, pero entendía que había llegado el momento de marcharse de ese lugar.

Esa noche la miss de bellos ojos azules, empacó sus maletas. Se dió cuenta de que realmente no había demasiadas cosas suyas en esa villa. Unas cuantas mudas de ropa, un perfume, artículos de aseo, y el collar de perlas que su madre le había regalado cuando cumplió quince años. Lo había traído con ella para sentirla cerca.

La noche era fría en la hermosa Italia, Andreina ya estaba afuera cuando el taxi que llamó llegó. Había dejado las llaves que llevó dos años con ella cada que salía de casa, había dejado también el amor que le había dado a ese hombre infiel. Se llevaba con ella a su pequeño bebé, no necesitaba más.

— ¿A dónde la llevo señorita? — Preguntó el hombre al volante.

— A cualquier hotel del centro de la ciudad, que no sea muy costoso por favor.

A Andreina, le habían sido canceladas las tarjetas de crédito y su cuenta personal, sus padres le habían dado muchos ultimátum, pero ella no los escuchó, ahora solo tenía su modesto sueldo de maestra.

— Como diga.

— Chófer, por favor, apresurese a llevarme de aquí...

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