Por un momento en la mirada de Marcos hubo un destello de arrepentimiento, pero había sido solo eso, un momento, Después volvió a su habitual frialdad de siempre. — ¡Mientes, eso no puede ser cierto! — ¡Lo es, lo juro, estoy embarazada de tu bebé...! ¡Por favor llévame a un hospital, no quiero perder a mi hijo! La voz de Andreina, se apagaba cada vez más debido al dolor, su hermoso vestido yacía ahora manchado en sangre, ella lloraba aterrada y desesperada. — ¡Marco, está mujer es una mentirosa, seguro que está teniendo su periodo la muy sinvergüenza, vámonos ahora a qué me revise el médico, por ella que manden una ambulancia! ¡Nuestro bebé es lo importante ahora! No pasó mucho tiempo para que el hombre respondiera. — Vamos, no debemos perder tiempo, Andreina, alguien aquí llamará a la ambulancia. Yo no puedo llevarte, Carolina, está delicada. — Marco... — La mujer en el piso alzó su mano hacia ese hombre cruel que al que no le importaba que en ese momento el hijo d
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