Los abuelos Ferreira, conocen a los gemelos.
La luz cálida de la tarde entraba suavemente por las enormes ventanas de la habitación privada del hospital.
Después de días llenos de angustia, lágrimas y tensión, el ambiente finalmente había cambiado.
Ya no existía aquel silencio angustiante y sofocante que había perseguido a Andreina y Alejandro desde el nacimiento prematuro de los gemelos.
Ahora la habitación estaba llena de calma,
de vida, de llanto de los niños que inundaban los corazones de los padres.
Alondra, dormía profun