Los últimos días en San Lorenzo fueron como vivir dentro de una burbuja que sabían explotaría en cualquier momento. Killian no podía dejar de mirarla ni un segundo. Cada vez que veía a Elowen con su ropa de trabajo, concentrada en una piedra o con la cara manchada de tierra, sentía un tirón en el pecho que lo dejaba sin aliento. Ella era real, era verdad, y el lugar al que él tenía que volver se solo era una pecera llena de tiburones, esperando la sangre para atacar.
Elowen, en cambio, se estab