Beatrix Vanderbilt se encontraba en el club privado más exclusivo de la ciudad, rodeada de mármol, flores frescas y el aroma del perfume más caro. Reía con sus amigas de toda la vida, moviendo su copa de vino blanco con una elegancia que practicaba frente al espejo desde los veinte años.
El grupo intercambiaba chismes malintencionados sobre la alta sociedad, sintiéndose las dueñas del mundo. Sin embargo, al momento de pagar la cuenta, la realidad golpeó a la puerta de su burbuja de cristal.
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