Mientras tanto, Lucian continuaba su viaje a través del espeso bosque, guiado por las instrucciones de Seraphina. Tras días de caminar, llegó a una pequeña aldea escondida entre los árboles, una visión inesperada en medio de la vasta naturaleza salvaje. Las casas, construidas con madera y piedra, eran sorprendentemente pequeñas, ninguna superando el metro y medio de altura. Se veían rústicas pero acogedoras, con tejados de paja y ventanas diminutas.
Lucian se detuvo, intrigado. Observó a los ha