En el presente, Marcus avanzaba con pasos firmes hacia el territorio de la manada de Lucian. La oscuridad que emanaba de él era palpable, como una sombra pesada que se extendía a su alrededor. Sus ojos, ahora teñidos de un brillo siniestro, estaban fijos en un solo objetivo: destruir a la manada y, especialmente, a Elena. Sentía el poder oscuro burbujeando dentro de él, susurrándole promesas de victoria y destrucción. Sabía que Elena estaba débil, pues podía percibirlo a través del vínculo roto