90. Entre velos y llamas
Lía despertó con la garganta cerrada y la piel erizada, como si hubiera salido de un río helado.
El cuarto estaba en penumbras, pero la luz suave del amanecer se filtraba por la rendija de la cortina. Había estado soñando, lo sabía. Aunque no podía recordarlo todo con claridad, algunas imágenes persistían como brasas debajo de la piel: un bosque espeso, una hoguera encendida, una silueta que se alejaba... y otra que se acercaba para abrazarla, o abrazarlo.
Raven.
No era la primera vez que lo ve