89. El lobo que escucha
El amanecer se filtró por la ventana con una calidez apacible. No era un sol radiante ni uno pesado; era tenue, silencioso, como si supiera que adentro dormía alguien que necesitaba suavidad.
Raven abrió los ojos sin sobresaltos. No había gritos atrapados en su garganta. No había sudor frío ni imágenes de sangre tras sus párpados. Solo el sonido de los pájaros en los árboles, el murmullo del viento entre las hojas y el olor a madera tibia que se desprendía de la cabaña.
Kiara aún dormía a su la