56. El latido que renace
El Umbral de Nyx no era un lugar. Era un vacío, una idea, una herida abierta en la frontera entre la vida y la muerte. El mundo a su alrededor no tenía forma ni color. Era oscuridad absoluta, pero no como la noche: era la oscuridad del olvido, de lo que nunca fue, de lo que nunca volverá a ser.
Raven flotaba suspendido en esa nada. Su cuerpo no pesaba. No había frío, pero sentía un escalofrío constante que no venía de fuera, sino de dentro. Había silencio. Un silencio tan denso que parecía tene