49.
La noche había caído con un manto pesado sobre Umbra Noctis, sus calles estrechas y empedradas envueltas en un silencio inquietante, roto solo por el eco distante de pasos apresurados. La ciudad parecía contener el aliento, como si supiera que algo importante estaba por suceder.
En un callejón angosto y poco iluminado, una figura emergió de entre las sombras con una elegancia casi irreal. Lucien caminaba con paso firme, cada movimiento medido, dejando tras de sí una estela de misterio y peligro