44. Hijos del Eclipse
La noche se cernía sobre Umbra Noctis con un aire más denso de lo habitual. En la penumbra, las luces de la universidad apenas lograban disipar las sombras que parecían moverse con vida propia. Liora estaba sentada en la sala común de la manada, con la mirada fija en el mapa extendido sobre la mesa. Los rostros de sus compañeros reflejaban la misma preocupación que sentía ella, una inquietud que no tenía explicación visible pero que se sentía en cada susurro, en cada gesto nervioso.
Desde hacía