31. Renacer en la sombra
El frío mordía la piel de Raven mientras avanzaba tambaleante entre la oscuridad del bosque. Cada paso era un puñal que le recordaba el peso de su derrota, el vacío que le había dejado la caída de Miryos y la destrucción del santuario. La sangre que manaba de sus heridas no solo era física, sino también un eco profundo de la pérdida que se había instalado en su alma.
Finalmente, alcanzó el refugio oculto entre los árboles milenarios, un pequeño santuario de madera que parecía resistir el tiempo