La mujer inocente y seductora, con esos ojos asustados de ciervo, lo miró…
y él supo que había despertado a la bestia que llevaba dormida años dentro del muchacho.
La punta le dolía y estaba hinchada, y tuvo que apartar los pensamientos que se le cruzaban por la mente.
Inspiró hondo y soltó el aire.
La nuez de su garganta subió y bajó varias veces, y exhaló con fuerza.
Media hora había pasado.
Kylie dudó un momento, pero al final decidió salir del dormitorio completamente cubierta de ropa.
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