GRAYSON
La espesura del bosque se cierra sobre nosotros como una prisión viva. Las sombras de los árboles se alargan bajo la luna y el viento trae consigo el rastro del perfume extraño de aquella mujer. Una intrusa. Un peligro. Y, sin embargo, cuando llego al claro y veo a Lyam de pie, con esa joven entre sus brazos, siento que todo el peso del mundo cae sobre mí.
La escena me golpea en el pecho: su mirada clavada en ella, sus manos sujetándola como si fuera lo más frágil y sagrado que hubiese