Lyam
El aire del bosque era espeso, húmedo, cargado de un silencio que parecía contener la respiración de todo lo que nos rodeaba. Los grillos se habían apagado, como si incluso ellos supieran que algo grande estaba a punto de ocurrir. Mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho, no por el peso de la misión, sino por el conflicto que se gestaba en mi interior. A cada paso que daba, las hojas secas crujían bajo mis botas, pero lo que de verdad resonaba era la voz de mi lobo aullando en mi cab