"el sufrir merece respeto, el someterse es despreciable
GRAYSON
El amanecer trajo consigo una claridad distinta. El aire era más denso, cargado de intención. No era un día común, era el principio de algo más grande. Mientras me ajustaba la camisa de lino negro y anudaba los brazaletes de cuero en los antebrazos, podía sentirlo bajo la piel, un llamado antiguo, casi instintivo. Helgrath nos esperaba.
Azura dormía aún, envuelta entre las sábanas y el aroma a pino de nuestra cama. Me acerqué despa