Entonces, cuando nuestras miradas chocaron por accidente, algo en mi interior se contrajo y podía jurar que no tenía nada que ver con el embarazo.
Él pareció no notar mi estremecimiento mientras desayunaba sin apartarme la mirada, solo para beber un poco de café y sonreírme cada que retomaba su tarea de observarme.
Anonadada, le devolví la sonrisa torpemente y no me quedó más remedio que buscar la manera de comenzar una conversación.
—¿Cuántas horas es de vuelo hasta Zermatt? —pregunté cómo qui