Arrastramos nuestras valijas hasta la entrada, en donde habían demasiadas personas yendo y viniendo con cara cenicienta y preocupada.
—Por aquí–indicó William.
Lo seguimos a paso torpe hasta la sala de espera.
—Denme un minuto—dijo William al momento de responder una llamada.
Nos sentamos por diez minutos hasta que el junior nos llamó con la mano. Trotamos hasta él y caminamos un largo pasillo hasta llegar a una zona diferente al resto, más como el estilo de los Flynn: estrafalario.
Entramos