—Oblígame—lo enfrenté sin miramientos—no tienes derecho a nada. Además, ya estoy embarazada, así que no puedes protestar.
—No permitiré que te acuestes con alguien teniendo a mis hijos contigo—siseó, preso de la ira. El cuello se le había enrojecido, al igual que sus orejas y ahí fue donde titubeé. Probablemente no se estaba dando cuenta que también yo estaba bromeando.
Aturdida por su reacción, retrocedí varios pasos y comencé a cerrar la puerta, pero como era de esperarse; Barnaby bloqueó mi