No respondí. Levi quería probar mi límite de paciencia nuevamente, así que no le di ese gusto.
—Ahora entiendo el cambio de tu aspecto tan repentino. Me sorprendes demasiado, Tessa. Ya no te reconozco en lo absoluto.
Flexioné las piernas y abracé mis rodillas al pegarlas a mi pecho.
Ignoré por completo sus comentarios hirientes y me dediqué a esperar a llegar a Boston.
Dentro de mi mente, numerosas ideas surgieron.
Sabía que quizá me arrepentiría, pero ya lo había decidido.
En cuanto bajarámos