La semana siguiente, Clara se encontraba en su escritorio, rodeada de papeles sueltos, recortes de revistas nupciales y su inseparable taza de café, aún humeante. La luz de la mañana se filtraba por la ventana, acariciando con suavidad la madera de su escritorio y bañando la habitación con una calidez serena. Todo parecía estar en calma, excepto su mente.
Había abierto su libreta de ideas con la firme decisión de vencer el bloqueo que llevaba semanas paralizándola. Tenía una historia rondando s