La habitación había aprendido sus ritmos.
El suave pitido del monitor.
El lento suspiro del ventilador en el pasillo.
Los pasos apagados de las enfermeras que hablaban en medias voces, como si las paredes mismas estuvieran escuchando.
Mia despertaba y dormía a medias ahora. Nunca completamente dormida. Nunca completamente aquí.
Recuperación, lo llamaban.
Ella lo llamaba esperar.
La luz del sol se colaba por la estrecha ventana cada mañana, pálida y vacilante, tocando el borde de la cama antes d