Chris estaba en su antigua oficina.
No la de Allen, no el nuevo piso ejecutivo pulido con paredes de cristal y arte cuidadosamente elegido. La más pequeña. La que Mia había insistido en conservar cuando la empresa superó su primer edificio. La del escritorio con la esquina desgastada donde ella solía golpear su anillo cuando pensaba.
Ahora él estaba de pie junto a la ventana, mangas arremangadas, mandíbula tensa.
Allen estaba frente a él como si fuera dueño del aire. Lo cual, técnicamente, era