Tres semanas después de despertar del coma.
Damian aún permanecía recostado en la cama del hospital, aunque su condición había mejorado mucho. Las heridas graves en su cuerpo sanaban poco a poco, aunque las marcas de las garras de Sebastian seguían claramente visibles en su espalda y pecho. Los médicos las llamaban “huellas de guerra”, cicatrices que quizás nunca desaparecerían, pero que se habían convertido en prueba de su sacrificio.
Aurora acudía casi todos los días, cuidando de Leon y visit