A la mañana siguiente, Aurora estaba sentada inmóvil en su silla de trabajo, mirando la pantalla de su portátil que ni siquiera había tocado desde hacía una hora.
Su mente volvía una y otra vez a las palabras de Damian la noche anterior. Aquella frase retumbaba en sus oídos: «¿Qué tal si le damos un hermanito a Leon?» Lo dijo en un susurro, justo antes de devorar sus labios, con ese aliento ardiente de Alpha que alguna vez la había vuelto débil y, estúpidamente, Aurora volvió a dejarse llevar p