Aurora estaba de pie en el balcón de su habitación, la puerta corrediza entreabierta, dejando que el viento nocturno golpeara su rostro. A través del cristal, las luces de la casa seguían encendidas, iluminando a Damian, que jugaba con Leon a construir torres de bloques en la sala, junto a Morgan, que solo permanecía sentado, observando en silencio, con el semblante siempre alerta del viejo Alpha legendario.
Aurora tomó su teléfono con cuidado, verificó que la señal estuviera al máximo y marcó