Thomas caminaba a su lado con el paso controlado de siempre, pero por dentro todo estaba lejos de estar en calma.
La imprudencia todavía le ardía bajo la piel.
Lo habían apartado como consultor civil. Sin discusiones, sin margen. Una “medida temporal”. Una frase limpia para decirle que estaba fuera. Y eso era lo que más le inquietaba. No los golpes. No el dinero que había pagado para cerrar el asunto de los hombres a los que había destrozado en la calle. Aquello había sido irrelevante, una cifra más que no había dejado huella en su fortuna.
Lo que le molestaba era la ceguera.
El caso del Vittorio seguía sin cerrarse. Demasiadas grietas. Demasiadas piezas mal colocadas. Y ahora Thomas ya no podía verlas de cerca, no podía anticiparse, no podía saber si alguien más estaba moviendo hilos en la sombra. Si alguien había ido tras ese hombre, no había sido por azar.
Y Anfisa… era un punto vulnerable. Demasiado visible. Demasiado valiosa.
Seguía reconstruyendo escenarios en su mente cuando un