La espalda de Gavin se tensó al instante ante las palabras de aquella joven loba, como si un escalofrío mortal le recorriera la espina dorsal.
—¿Perdió al cachorro?
Su voz sonó grave y quebrada, el murmullo de una bestia herida. La chica aferró con fuerza su libro encuadernado en piel, y sus pupilas doradas ardieron con desprecio.
—Pues un maldito infeliz la embarazó y al momento siguiente desapareció. Cuando ella colapsó, ese tipo ya se había esfumado.
Gavin se quedó paralizado, temblando sin c