Las manos de Gavin Clarke temblaban sin control mientras sus dedos rozaban el emblema de plata en relieve del acuerdo de disolución. El peso del documento se sentía como una condena definitiva, dictada por la misma Diosa de la Luna.
Vivian le puso una mano de uñas perfectas sobre el hombro.
—No es más que un berrinche de esa lobita. Dale tiempo, ya verás que regresa rogando.
—¡Es mi Luna!
El rugido le brotó del pecho, un gruñido de Alfa herido. En un instante, apartó a Vivian de un empujón, derr