*—Dominick:
Cuando llegaron al restaurante, un camarero los condujo por unas escaleras hasta el segundo piso, donde había un área más tranquila y con vistas a la calle arbolada. Era una terraza cubierta, iluminada por luz natural que se filtraba a través de toldos blancos. El aire olía a albahaca fresca y café recién hecho.
Allí estaban Engel y otra figura masculina sentados en una mesa de madera clara. Engel se levantó enseguida con una sonrisa amplia, mientras el otro hombre, alto, del