Subtítulo:
“Las sospechas dividen, pero la verdad puede romper para siempre.”
La fogata chisporroteaba en el centro del campamento, proyectando sombras alargadas sobre los rostros cansados de la manada. Nadie hablaba; el silencio era un enemigo más, uno que se metía en la piel y los obligaba a mirar de reojo a quienes hasta hacía poco eran hermanos.
Kael se mantenía en pie, los brazos cruzados, con el ceño fruncido y los ojos brillando como brasas. Cada fibra de su ser exigía respuestas, pero