Capítulo 59.
Capítulo 59
Arya.
El silencio que siguió a la batalla fue, en muchos sentidos, más aterrador que el estruendo de las ballestas. La mansión Blackwood exhalaba humo y gemidos de dolor. El aire en los pasillos superiores estaba frío, impregnado de ese olor metálico a sangre que se me pegaba a la garganta.
Había dejado al asesino del collar bajo llave en las ruinas de los laboratorios, custodiado por dos hombres de absoluta confianza de Caín, pero mi deber inmediato me arrastraba de vuelta a la enfermería principal.
Los heridos se contaban por docenas y el ala médica era un caos de vendajes improvisados y gritos contenidos.
—¡Traigan más agua limpia! —ordené, entrando en la sala principal—. Y revisen las reservas de extracto de sauce, lo necesitaremos para la fiebre.
Mis ayudantes se movían con torpeza, aterrorizados. Me acerqué a la mesa donde reposaba el registro de medicación de Lord Thane.
Mi instinto, agudizado por años de desconfianza, me hizo abrir el frasco de su tónico fortalec