Capítulo 38.
Capítulo 38
Arya.
La mañana despuntó con tonalidades grisáceas. El ambiente dentro de la cabaña había cambiado irrevocablemente. Dorian ya no era un simple paciente convaleciente.
Me lo encontré en el jardín trasero apenas salió el sol, observando el bosque con los ojos entrecerrados mientras Kael y Elian lo rodeaban con curiosidad.
—Pongan los pies firmes —decía Dorian, su voz resonando con una profundidad que no admitía réplicas—. El equilibrio no está en las piernas, está en el núcleo. Si alguien intenta empujarlos, deben ser como las raíces de un roble.
—¿Así, gigante? —preguntó Elian, separando sus piernitas con esfuerzo.
Dorian se agachó y, con una suavidad asombrosa, ajustó la postura del niño.
—Exacto. Nunca bajen la guardia. El mundo no es amable con los que no saben protegerse.
—¡Basta, Dorian! —grité desde el porche, bajando las escaleras.
Dorian se incorporó lentamente, girándose hacia mí con esa mirada que siempre parecía estar desafiándome a dar un paso más.
—Solo les es