Capítulo 37.
Capítulo 37
Arya.
La lluvia azotaba los cristales. Desde la ventana de la cocina, podía ver la silueta de Dorian en el porche. Estaba empapado; el agua corría por su cabello oscuro y se filtraba en su camisa, marcando los vendajes que yo misma le había puesto horas antes.
—Se va a enfermar —murmuró Elara, dejando un cuenco de sopa sobre la mesa—. Y esa herida de plata se pudrirá con la humedad.
—Es su decisión. Si quiere jugar a ser víctima, que lo haga —respondí, aunque mis manos apretaban el