Adrianna estaba en shock. No esperaba que aquél hombre fuera el hijo de su esposo.
Pero ella no podía responder. Todo en su cuerpo gritaba peligro. Su mente retrocedió a aquel instante en que una fuerza brutal la había derribado, a ese rostro inclinado sobre el suyo, los ojos inyectados en sangre, la sombra de un odio inexplicable renació.
-Eres tú... -dijo finalmente, y su voz se quebró-.
Claudio no se movió. No supo si debía negar, hablar o simplemente desaparecer. Había pasado años evitando