Llamaron al primer testigo: una joven loba de la manada de Aldrake. Parecía aterrada, con las manos temblando mientras se inclinaba ante el Consejo de Ancianos.
Su mirada se cruzó con la de Livia por un instante; había duda, incluso culpa, en sus ojos. Livia lo captó al momento y sintió una punzada de esperanza en el pecho.
Pero en cuanto el Anciano le pidió que contara lo que vio en la fiesta, algo cambió. La muchacha abrió los labios, pero las palabras que salieron no eran las que su corazón