Todos iban al punto de encuentro con la zozobra de saberse vigilados, tenían que cuidar sus pasos al máximo, pues los traicioneros vampiros ya sabían que estaban ahí y volverían a por ellos.
En su campamento, Leonardo se encontraba cerca de un río mirando a la nada, en su pelaje podía sentir que algo no andaba bien. No le habían gustado para nada los aullidos de heridas y dolor que provenían de Romano y su grupo, ellos si habían sido atacados por los malditos no vivos.
— Leonardo, está