El viaje de los Alfas y sus lunas.
En la habitación del Alfa Romano, él miraba fijamente a su luna mientras ambos tomaban un rico baño caliente.
— Tú... Nunca me contaste que tenías un poder especial que te había dado la diosa luna. Y... Soy, tu Alfa, tu compañero. ¿Acaso no confías en mi?
— ¿Por qué no confiaría en tí? Es solo que... No lo consideré relevante.
— ¡¿Cómo dices?! ¡Salvaron a todos esos poderosos Alfas, curaron sus heridas, a algunos como a mi los volvieron a la vida cuando creíamos que nos iríamos a la et