El silencio en la mansión era insoportable.
Mi teléfono seguía en el suelo.
La llamada terminada.
Y en mi cabeza… solo una palabra.
“Sí.”
Nikolai lo había dicho sin dudar.
Sin negarlo.
Sin esconderse.
Cerré los ojos con fuerza.
Intentando ordenar mis pensamientos.
Pero era imposible.
Todo estaba mezclado.
Confundido.
Doloroso.
Un sonido de autos llegando me hizo abrir los ojos.
Mi corazón dio un salto.
Sabía quién era.
No pasaron ni treinta segundos antes de escuchar la puerta principal abrirse