El olor a antiséptico y el zumbido de los monitores cardíacos sustituyeron el hedor a gas del prostíbulo. La clínica del Praetorian Vigil era un búnker de cristal y acero oculto bajo un edificio anodino en las afueras de Milán.
Dante estaba sentado en el borde de la cama articulada, con el torso vendado y una bolsa de suero goteando en su brazo izquierdo. La palidez de su rostro contrastaba con la oscuridad de sus ojos, que seguían cada movimiento de Elara.
Ella estaba de pie junto a la ventana