Elara sostenía el teléfono con la mano temblorosa mientras observaba su reflejo en el espejo de la suite. El vestido de la gala yacía en el suelo como la piel muerta de una serpiente. Marcó el número que conocía de memoria, el del hombre que le arrebató a su padre.
— Tío, tengo lo que querías — dijo Elara, forzando una voz cargada de una falsa derrota — Dante cometió un error, dejó los registros de la cuenta offshore en un servidor físico fuera de la red de los Praetorian.
Al otro lado de la lí