Mundo ficciónIniciar sesiónEl convoy de los Praetorian frenó en seco, haciendo que los neumáticos chirriaran contra el asfalto mojado de la zona fronteriza. El silencio que siguió fue sepulcral, roto solo por el goteo de la lluvia y el martilleo del pulso de Elara contra sus oídos.
Dante bajó del vehículo con la gracia letal de un depredador que ha acorralado a su presa. Sus manos, envueltas en guantes de cuero negro, apretaban el fusil mientras sus hombres extraí







