El aire se convirtió en un muro de cristal que estalló contra sus pulmones. El vacío los devoró durante lo que pareció una eternidad suspendida en el rugido del viento, hasta que la gravedad reclamó su deuda.
Impactaron no contra la roca, sino contra un manto de nieve virgen y profunda que acumulaba metros de espesor en la base del acantilado. El mundo se volvió blanco, mudo y asfixiante.
Dante emergió primero, escupiendo nieve mezclada con sangre. Sus dedos escarbaron con desesperación hasta e