Mundo ficciónIniciar sesiónEl cañón del arma de Lorenzo, ahora en manos de Isabella, no dejaba de oscilar frente al pecho de Elara. La luz de la chimenea proyectaba sombras grotescas sobre el rostro de la anciana, cuya cordura se había evaporado como el vapor de su taza rota.
— ¡Maldit@ seas, Elara De Luca! — gritó Isabella, su dedo índice blanqueándose sobre el gatillo —Me lo quitaste todo. Me ar







