El lunes siguiente amaneció con una lluvia fina que empañaba los cristales del bufete. Apenas había dormido. El fin de semana lo pasé encerrada en casa, revisando por enésima vez los archivos del caso, intentando encontrar algo, cualquier cosa que desmontara la narrativa del fiscal. El mensaje de Emilian del viernes aún estaba en mi teléfono. No había respondido. No podía permitírmelo.
A media mañana, Sofía tocó la puerta de mi oficina con expresión cautelosa.
—Emilian Novak está aquí. Dice que