El lunes por la mañana el bufete parecía más frío de lo normal. Había pasado la noche dando vueltas en la cama, pensando en la nueva realidad del caso. Ya no se trataba solo de irregularidades técnicas o contratos dudosos. Emilian Novak, estaba siendo acusado formalmente de asesinato en primer grado.
Las pruebas eran circunstanciales, pero pesadas: llamadas, correos, movimientos financieros. Y yo, su abogada, tenía que defenderlo.
A las nueve y media Emilian entró en mi oficina. Esta vez no hab